El vaso de whisky se vació entre los labios de Dante, una y otra vez. La quemadura del alcohol no era suficiente para apagar la furia dentro de él, pero al menos le daba una ilusión de control. Su brazo descansaba con pesadez sobre el respaldo del sofá, mientras la mujer en su regazo le acariciaba el cuello con labios suaves y cálidos.
Él la dejó hacer. No porque le interesara realmente, sino porque era más fácil perderse en una caricia superficial que seguir ahogándose en pensamientos de traic