La luz menguante del ocaso dibujaba sombras alargadas en el sendero, mientras la mente de Antonio se impregnaba de inquietud por lo que podría encontrar al llegar.
Al alcanzar la cabaña, las puertas entreabiertas dejaban entrever un ambiente caótico y desolado.
Con cautela, Antonio empujó la madera desvencijada y se internó en el interior oscuro. Pronto, su mirada se posó en una figura tendida en el suelo, Ulises, notablemente herido, yacía con una pálida sombra de lo que había sido su arrogan