El viento cortaba la noche con una violencia inusitada, levantando papeles, bolsas vacías y el polvo reseco que cubría la acera frente al edificio de apartamentos donde vivía Antonio.
Las farolas parpadeaban, como si intuyeran la presencia de algo oscuro aproximándose. La figura imponente de Vittorio se materializó desde las sombras, flaqueado por tres hombres vestidos de negro, sus rostros duros y atentos, los ojos escaneando la calle en busca de amenazas invisibles.
Vittorio levantó la vista