Antonio caminaba por los pasillos de su mansión con paso firme, arrastrando consigo una mezcla de satisfacción y nostalgia que le endurecía el rostro y le iluminaba los ojos.
El silencio del lugar solo era interrumpido por el eco de sus zapatos sobre el mármol. Al llegar a la biblioteca, abrió con delicadeza uno de los cajones del escritorio, sacando los papeles que había guardado con tanto recelo, los exámenes de embarazo de Aurora.
Los miró durante unos segundos, repasando con la vista cada