El auto rojo de Fiorella se detenía frente a los imponentes portones de la mansión de Dante. El resplandor tenue de las luces exteriores apenas iluminaba su rostro serio y determinado. No había dudado un solo segundo en venir, aunque sabía que poner un pie en ese lugar podría traerle problemas más adelante con Vittorio. Pero había algo más importante que sus propios temores, tenía que advertir a Dante antes de que fuera demasiado tarde.
Avanzó con paso firme hacia la entrada principal, donde un