El sonido de los disparos aún retumbaba en los oídos de Antonio quien abrió sus ojos lentamente cuando sus hombres encontraron tendido en el suelo.
La sangre se extendía rápidamente por su camisa, y su respiración era entrecortada. Sin perder un segundo, lo alzaron con cuidado, sintiendo cómo su cuerpo casi inerte se deslizaba entre sus brazos.
— Aguante, señor, ya lo sacamos de aquí —murmuró uno de ellos mientras corrían hacia la camioneta, dejando atrás los destrozos de lo que al parecer fu