Dante le hizo una señal sutil a la mujer a su lado para ir a un lugar mucho más privado, quería terminar su celebración con broche de oro. Los dos caminaron hacia la habitación principal, la única y reservada para el Don Dante.
La habitación estaba iluminada por la tenue luz roja del club, proyectando sombras ondulantes sobre las paredes mientras Dante tiraba de la bailarina hacia él con una fuerza posesiva, quería devorarla por completo, así que por qué esperar.
Sus labios se encontraron en un