47. La Caída
Max y yo nos quedamos solos.
El silencio entre nosotros era denso, cargado de todo lo que acababa de pasar. Podía sentir su furia contenida radiando en olas casi tangibles.
—Debo ir al baño —murmuré, necesitando un momento para recomponerme.
Max no respondió inmediatamente. Solo me miró con esos ojos azules que ahora parecían más oscuros, más tormentosos.
—No tardes —fue su única respuesta, aunque sus ojos decían mucho más.
Entré al tocador y cerré la puerta, apoyándome contra ella. El espejo me