CINCO AÑOS DESPUÉS:
La inauguración del "Centro Cultural Walker-Undurraga" no fue el evento social del año por el lujo, sino por lo que representaba. Situado en el corazón de la ciudad, el edificio era una oda a la transparencia: una estructura de vidrio y acero que parecía flotar.
Invitaba a cualquiera a entrar, sin los muros opresivos que solían definir las construcciones de Max en su otra vida. En este espacio, la luz no era un invitado, sino el cimiento mismo sobre el que se erguía nuestra