46. El Arte de Fingir
El club brillaba con una opulencia que parecía sacada de otro tiempo. Las lámparas de cristal colgaban como cascadas de luz sobre los salones, la música de jazz flotaba entre las mesas adornadas con copas de champagne y vajilla impecable, y el aire estaba impregnado de perfumes caros y humo discreto de habanos.
El tintinear de las copas y las carcajadas contenidas de los invitados se mezclaban en un murmullo constante, como una sinfonía de poder y riqueza que conocía demasiado bien.
A mi lado, M