48. La Filtración
El sol entraba a raudales por las cortinas entreabiertas cuando abrí los ojos. Por un segundo me desorienté, incapaz de ubicarme en el espacio. La sábana de seda resbalaba sobre mi piel desnuda, y el calor que me envolvía no era solo el del amanecer.
Era el de su cuerpo, firme y cálido, todavía a mi lado.
Max.
Me sorprendió descubrirlo allí. No se había ido, no había escapado al amanecer con alguna excusa de trabajo urgente. Dormía a mi lado, el cabello revuelto, el rostro relajado en una paz qu