Su respiración se aceleró de manera descontrolada, los labios le temblaban y sus manos parecían frágiles ramas a punto de quebrarse.
La mentira que sostenía la estaba arrastrando al límite, cada palabra que había dicho y cada gesto que había fingido eran un peso que amenazaba con desplomarse sobre ella.
Y ahora, con el filo de aquella daga tan cerca, ya no era solo su piel la que estaba en riesgo: era el secreto que había protegido con uñas y dientes, el único que le daba fuerzas para seguir ade