—¡Es tu cachorro, Alfa Kaen! —exclamó Claire, su voz temblando de emoción y desesperación. La loba se arrodilló ante él, sus ojos suplicantes reflejando una mezcla de esperanza y miedo.
—¡Acéptalo, te lo ruego, Alfa! Este cachorro es la esperanza de la manada. ¡Cásate conmigo! —sus palabras eran un canto de súplica, un lamento que resonaba en el aire pesado de tensión.
Kaen sintió una oleada de rabia recorrer su cuerpo. Intentó recordar, pero su mente estaba en blanco.
¿Cuándo se había apareado