Claire fue arrastrada de nuevo a su celda.
Los guardias la empujaron sin miramientos, la puerta metálica se cerró con un estruendo seco que resonó por los pasillos de piedra.
Desde dentro, se escuchó el eco de su respiración entrecortada, los sollozos ahogados que se mezclaban con el sonido lejano de una tormenta que rugía sobre el territorio.
Mientras tanto, Kaen era llevado inconsciente a la habitación del Alfa.
Su cuerpo se estremecía con espasmos violentos; el sudor empapaba su piel, y la sa