Isabella observó la patética escena que se desarrollaba ante sus ojos, su corazón latiendo con una mezcla de rabia y desdén.
La imagen de Ruby, con el trozo de vidrio aún en su mano y la sangre manando de su muñeca, la llenó de una profunda frustración.
Sin poder soportar más, dio la vuelta y salió de la mansión, sintiendo cómo la ira burbujeaba en su interior.
Cuando Kaen la vio partir, un impulso instintivo lo llevó a intentar ir tras ella.
—¡Kaen, me muero! —gritó Ruby, su voz llena de dolor