Isabella respiró hondo, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo temblaba bajo la tensión, el miedo y la adrenalina que la recorrían como un río de fuego.
Daba un paso tras otro, consciente de que no solo estaba frente a la prueba de los ancianos, sino frente a toda la traición y la malicia que se cernían sobre ella desde hacía semanas.
Cada latido de su corazón le recordaba la responsabilidad que cargaba: su fuerza, su ingenio y su capacidad para mantener el control serían la única barrera entr