La luna nueva apenas se asomaba detrás de las nubes cuando los miembros de la manada comprendieron que lo que estaban presenciando superaba todas sus esperanzas: Isabella y Kaen, bajo el suave resplandor plateado, se alzaban en medio del claro del bosque, coronados por la luz lunar que parecía suspender el aire, detener el tiempo.
Un murmullo creció al principio entre los lobos, un silencio cargado de asombro, luego un aullido que rasgó la noche como si el viento mismo lo hubiera convocado.
—¡Es