Kaen cayó de espaldas con un golpe seco, y el impacto arrastró consigo a Isabella, que terminó sobre su pecho.
El aire escapó de los pulmones de ambos en un mismo jadeo.
—¡Kaen! —gritó ella, con un hilo de voz quebrada por el susto.
Se levantó de inmediato, tambaleándose, mientras él también intentaba incorporarse.
—Estoy bien, tranquila —murmuró con firmeza, aunque la tensión en su voz lo delataba—. Esto es una trampa… pero vamos a salir. Estoy contigo.
Isabella respiró profundo, obligando a su