Isabella cayó en los brazos de Kaen, exhausta. Sentía el temblor en sus piernas, la respiración agitada y el latido de su corazón como un tambor dentro de su pecho.
Mantuvo los ojos cerrados con fuerza, casi como si aquello pudiera protegerla del mundo.
Kaen la sostuvo con fuerza, sus brazos eran un refugio inesperado.
—Estás a salvo —le murmuró con un tono firme, casi como si quisiera convencerse también a sí mismo.
Ella sintió cuando la bajó despacio, hasta que sus pies tocaron la tierra húmed