El viento de la madrugada silbaba entre las ramas de los árboles como un canto antiguo. HabĂa una niebla espesa que parecĂa haber sido invocada por los recuerdos mismos. Eira caminaba en silencio junto a Aidan, sus pasos amortiguados por el musgo hĂşmedo. Él no habĂa dicho mucho desde que partieron esa noche hacia los bordes del bosque, y algo en su expresiĂłn era diferente… como si estuviera a punto de arrancar una parte de su alma y ofrecĂ©rsela a la luna.
—Aidan —murmuró ella, su voz apenas más