La respiraciĂłn de Elira era entrecortada. AĂșn sentĂa el calor del aliento de Kael en su cuello, y el recuerdo de sus labios sobre su piel no la abandonaba. HabĂan compartido algo mĂĄs que un momento de deseo: fue un instante primitivo, animal⊠pero tambiĂ©n profundamente humano.
La tensiĂłn de la noche anterior seguĂa en el aire mientras caminaban en silencio por el sendero que bordeaba el bosque. Kael no habĂa dicho una palabra desde que se separaron esa madrugada. Su expresiĂłn era inescrutable,