El silencio que dejĂł la Ăşltima palabra de Kael fue tan espeso que dolĂa.
Elira no supo si el mundo dejó de girar o si simplemente fue su corazón el que se detuvo. “Fuiste tú quien me salvó aquella noche…”, repitió en su mente una y otra vez. Su voz, apenas un susurro, rompió la quietud:
—¿Cómo…? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
Kael bajĂł la mirada, como si cargar con su pasado pesara más que su forma inmortal. Los recuerdos le nublaron los ojos. Todo el dolor que habĂa intentado enterrar comenz