La noche parecĂa quieta, pero algo en el aire pesaba distinto. No era el frĂo, ni el silencio⊠era una sensaciĂłn. Como si algo mĂĄs se moviera entre las sombras, algo que los estaba alcanzando.
Elira dormĂa con Kaelen en brazos, su calor diminuto aferrado a su pecho como si lo protegiera de un mundo que aĂșn no entendĂa. Kael estaba sentado a su lado, los ojos clavados en la puerta cerrada, alerta a cada sonido, a cada sombra que se arrastraba mĂĄs allĂĄ de sus sentidos.
Y entonces ocurriĂł.
Un llan