Elira despertó empapada en sudor. Las sábanas estaban revueltas a su alrededor, y su respiración era irregular, como si hubiese corrido kilómetros sin detenerse. En su pecho, el peso de un sueño que no podía recordar del todo la oprimía. Sabía que había estado allí... otra vez. Ese lugar blanco, sin cielo, sin suelo, solo voces, llanto y la silueta difusa de un niño.
Giró su rostro hacia la cuna improvisada a un lado de la cama. Kaelen dormía profundamente, aunque su frente estaba levemente fru