El regreso al penthouse había estado envuelto en un silencio tan denso que Valeria podía sentirlo presionando contra su piel. Aleksandr no había pronunciado palabra durante todo el trayecto, pero sus manos sobre el volante y la tensión de su mandíbula contaban una historia de control a punto de romperse.
Ahora, tres días después, ese silencio se había transformado en algo más siniestro: vigilancia constante.
Valeria lo sentía en cada rincón del penthouse. Los guardias que aparecían en lugares do