La puerta del estudio se cerró con un sonido seco que retumbó en el pecho de Valeria como un presagio. Aleksandr se giró lentamente, su expresión inescrutable mientras observaba el sobre manila que ella sostenía con manos temblorosas.
—Necesito que me expliques esto —dijo Valeria, su voz quebrada pero firme. Arrojó el sobre sobre el escritorio de caoba. Las fotografías y documentos se dispersaron como cartas marcadas en un juego sucio—. Especialmente esta fecha: 18 de octubre, hace diez años.
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