La luz de la tarde se filtraba entre las cortinas del apartamento cuando Valeria recibió el primer mensaje. Había pasado la mañana en una de sus citas prenatales rutinarias, acompañada por Viktor y dos guardias más. El bebé estaba perfectamente sano, creciendo como debía a las dieciocho semanas, pero la inquietud que había comenzado a germinar en su pecho no desaparecía con las buenas noticias médicas.
El teléfono vibró sobre la mesita del café. Un número desconocido. Valeria frunció el ceño, du