41. Presagio
Se inclinó entonces, despacio, dándole tiempo para apartarse si quisiera, aunque ambos sabían que no lo haría. Sus labios rozaron los de ella con una lentitud tortuosa, una reclamación silenciosa, profunda, anhelante.
Su lengua se deslizó dentro de su boca con posesividad contenida, saboreándola, deleitándose con su hembra como siempre que podía hacerlo. Zoe gimió bajo contra sus labios, un sonido que tuvo que ahogar para no despertar a los pequeños.
Sus dedos se enredaron en el pelo de la nuca