49. Él no apartó la mirada
Estaba preñada.
Lo que quería decir era que Caius era su compañero.
Las lágrimas humedecieron sus ojos y rostro antes de que pudiera detenerlas. Eran de una alegría tan grande que le apretaba la garganta y le hacía temblar las manos. Se llevó ambas palmas al abdomen, presionando suavemente, como si pudiera acariciar ya al cachorro que crecía allí, porque de alguna manera lo sentía.
—Estás aquí... —murmuró para sí misma con la voz quebrada por la emoción—. Eres real.
Sonrió entre lágrimas.
Era su