50. Él no es mío
De pronto el amor, la esperanza, la certeza absoluta de que él era suyo, todo estaba hecho añicos en un solo segundo.
Sus manos volaron instintivamente a su vientre, protegiendo lo único que aún le quedaba de ellos.
"No puede ser, Diosa, esto no puede ser..."
Pero los ojos de Caius seguían fijos en la hembra herida y en ellos no había rechazo.
Solo... conmoción y algo más oscuro.
Algo que parecía reconocimiento. ¿Deseo? El pensamiento le apuñaló en el pecho dejándola sin aliento, un dolor tan