109. Vamos por mi hembra
Eryx atravesó cada cuerpos con brutalidad, cada golpe era una sentencia. Los enemigo que caían, uno tras otro.
Su cuerpo estaba dominado por el de su lobo quien arrasaba sin importarle absolutamente nada.
Queriendo captar desesperadamente el aroma de su hembra.
Pero en medio del caos, una voz conocida rugió a sus espaldas.
Pero más machos seguían llegando.
La razón principal por la que se había unido a otros Alfas no era porque no pudiera con el hijo de puta del Alfa, sino porque su manada era