94. Estaré esperándote
Después de la neblina de placer que los había sacudido, Zoe rompió el silencio primero.
—Caius... sé que no quieres oírlo otra vez. Pero no puedo dejar de pensarlo.
Él no se giró, hace rato se había levantado de la cama para buscar su ropa antes de bañarse para ir a patrullar nuevamente.
Ella ni siquiera necesitó explicarle de qué hablaba porque él lo entendió de inmediato, su voz sonó baja, casi como un gruñido.
—¿En ellos? ¿En la misma manada que te mantuvo prisionera?
Zoe se levantó despacio