93. Nunca juego contigo
Zoe abrió los ojos y lo miró directamente, el rubor todavía le teñía las mejillas pero su voz ya no temblaba tanto.
—Fóllame —suplicó sin poder contenerse por más tiempo—. Fóllame duro, Caius. Quiero sentirte, quiero que me llenes, que me hagas tuya.
Caius soltó un gruñido de aprobación, profundo y animal.
—Así me gusta —murmuró antes de besarla con fuerza mordiendo su labio inferior antes de soltarla—. Buena chica, así me gusta oírte. Sin vergüenza.
Sin más preámbulos, él la levantó un poco m