108. No habrá forma de controlarlo
Ninguno de los dos alcanzó a detenerla.
Lana cayó de lleno, su cuerpo se desplomó directamente hacia el suelo y su cabeza golpeó contra la piedra de este provocando un sonido que heló la sangre de ambos.
—¡No! —gritó Laura preocupaba al ver que la sangre brotó al instante, tibia, deslizándose desde la sien hacia la mejilla pálida de Lana.
Laura se lanzó al suelo con las manos temblorosas y la sostuvo.
—¡Lana, mi niña! ¡Lana, respóndeme!
No hubo respuesta como era obvio, solo una respiración débi