96. Nuevo hogar
Caius la llevó en brazos por el sendero central de Seringala, como si ella no pesara nada.
—Puedo caminar, sabes —protestó Zoe entre risas suaves apoyando las manos en sus hombros anchos pero no hizo ningún esfuerzo real por bajarse o moverse entre sus brazos, de hecho, se ciñó más a su pecho necesitando sentirlo.
—No —respondió él con esa voz grave que siempre la hacía estremecer—. Quiero mimarte, llevas a nuestra hija dentro. Además... quiero que lo veas así, con mis brazos rodeándote.
Ella