100. Te amo
Se obligó a respirar y tragó saliva incapaz de calmar el temblor en su mandíbula..
Pero Lana merecía justicia.
Merecía redención, ser limpiada y sanar lo que él no pudo prevenir.
Merecía saber que no era culpable, que nunca lo había sido.
Él le había fallado y que nadie, absolutamente nadie, tenía derecho a tocarla jamás, ahora ella no iba a estar sola nunca más.
—Eryx, por favor...
Él bajó la vista hacia ella con absoluto desprecio.
—Continúa —ordenó la voz baja, peligrosa y los dientes apretad