Mundo ficciónIniciar sesiónEl calor no venía del fuego.
Rhea lo supo cuando abrió los ojos en plena madrugada, su respiración acelerada, la espalda arqueada sobre las pieles, la marca latiendo con un ritmo propio. Era hambre. No por comida. No por descanso. Era hambre de él.
Cada palabra que Kael había pronunciado aún vibraba en su pecho, pero fue la última —<






