El amanecer no trajo consuelo.
Las brasas de lo ocurrido la noche anterior seguían ardiendo en la mente y en el cuerpo de Rhea. Sus pensamientos giraban sin descanso, una espiral de emociones enfrentadas que le robaban el aliento. Caminaba con Kael entre los antiguos pasillos de piedra de Athrek-harn, pero el silencio que compartían era todo menos cómodo.
Ella no sabía si tenía frío o calor. El aire a su alrededor parecía más denso desde que tocó el fuego de Veyrion. Sus sentidos estaban altera