El temblor que sacudía las entrañas del mundo no provenía del fuego, sino del eco del hielo respondiendo al despertar de Rhea. En las regiones olvidadas más allá del norte, donde la luz del sol no llegaba y los vientos cortaban como hojas, el hielo negro se resquebrajaba con un suspiro que tenía siglos de edad.
Algo se movía.
Algo que había esperado demasiado tiempo.
...
Rhea se mantuvo de pie en el centro del santuario, la respiración entrecortada, la piel electrizada. La marca en su espalda a