El amanecer no era más que un cambio en la tonalidad de la niebla.
En las Tierras del Norte, la luz no nacía; simplemente se deslizaba entre las sombras, fingiendo calor sin ofrecerlo. La escarcha aún cubría cada roca, cada rama, cada fibra del paisaje con una capa mortecina.
Rhea despertó envuelta en el calor residual de la caverna donde habían pasado la noche, su cuerpo aún tenso, como si los ecos de la batalla anterior se hubieran adherido a su piel.
Kael ya no estaba junto a ella.
Se incorp