Aprovecho que esta tumbado en el piso, agarrándose de su hombría adolorida, y apresuro el paso hacia la cama donde se encuentra mi hija. Cuando estoy a un paso de llegar, me toma de la cintura tirándome hacia atrás, clavando sus dedos con demasiada fuerza, pero ignoro por completo el dolor, me doy vuelta con rapidez y quedo frente a él.
—No vas a ningún lado —farfulla. Le regalo un puñetazo en la quijada. Contraataca dándome otro con la mano invertida, haciendo que por la fuerza caiga de bruces