A los días tengo todo organizado, sé cuál es su punto débil, y para su desgracia, es mi mejor virtud; ahora falta convencerla, y estoy seguro que si le toco el ego, la tengo donde quiero.
Me estoy dirigiendo a su trabajo, la tengo que enganchar con la guardia baja, y además hacer que se vaya temprano a casa, para salir mañana mismo.
—Hola, Sofi, ¿y Lina? —hablo, apenas llego al mostrador, donde Sofi se encuentra sumida en un libro.
—Está en su oficina, está buscando personal.
—¿Personal? —pregu