Estoy arreglándome en el baño, viendo con aprobación mi ropa; sí, un vestido negro de tirantes muy ajustado, que me llega a los muslos, y mis magnificas botas rojas que sobrepasan mis rodillas y que hacen juego con mi abrigo rojo. Sí, definitivamente, está aprobado; al menos ante mis ojos.
—¡Lina, te puedes apurar, siempre eres la última! —me grita Sole desde el otro lado de la habitación.
—Ya estoy, deja de apurarme —entono, acercándome a ella.
Llevaba un vestido verde-mar mostrando un hombro;