Una vez que se fueron todos, y que Aye se durmió, fuimos a la ducha; preparó la bañera, buscó nuestras ropas conforme yo estaba sentada en la cama. No pude hacer más que verlo moverse con esa seguridad que desprende en cada paso, y embelesarme con su presencia.
—Otra vez daría todo lo que tengo para saber en qué piensas — interrumpe mis pensamientos con esa media sonrisa maliciosa; sabe que lo veía, pero quiere que se lo diga.
—Solo estaba apreciando la vista —digo, señalándolo con el dedo índi