NIKOLAI MALISHEV
El sol griego se filtraba por las cortinas blancas de la habitación, proyectando sombras suaves sobre la piel desnuda de Aria. Estaba acostada sobre mi pecho, su respiración tranquila y acompasada, su cabello plateado esparcido como un halo sobre la almohada. La observé en silencio, grabando cada detalle en mi memoria. Mi muñeca. Mi cielo. Mi maldita obsesión.
Acaricié su espalda desnuda con lentitud, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío. Quería dejarla dormir un poc