ARIA HATZIS
Años después
La casa ya no se sentía tan fría.
El mármol seguía igual de perfecto. Las paredes, inquebrantables. La seguridad, un muro invisible que protegía todo lo que Nikolai consideraba valioso.
Pero dentro…
Había risas. Había colores. Había flores secas en marcos y crayones en el suelo.Había vida.
Caminé descalza por el pasillo, arrastrando la yema de los dedos por la pared. Era temprano, el sol apenas comenzaba a entrar por las enormes ventanas. El silencio tenía esa cal