ARIA
—Está bien si no quieres ir, cariño. —Jugueteé con los botones de mi camisa ligera, fingiendo que no me importaba su negativa—. Pero yo sí voy. Extraño el agua de Grecia.
Me giré y caminé hacia la cocina, dispuesta a buscar algo para cenar. Sentí su mirada perforándome la espalda, intensa, oscura… peligrosa.
Sabía que su mente estaba trabajando. Sabía exactamente lo que estaba imaginando. Y lo que estaba sintiendo.
Un pequeño triunfo me recorrió el pecho.
Nikolai Malishev odiaba la pl