NIKOLAI
Aria temblaba en mis brazos, su respiración entrecortada aún rozando mi piel. La observé bajo la tenue luz que se filtraba por la ventana, su rostro relajado, con ese brillo de satisfacción que me hizo sentir un orgullo primitivo. Era mía. No porque la hubiera tomado, sino porque ella me había permitido hacerlo, porque confiaba en mí lo suficiente como para entregarse de esa manera.
Mis dedos recorrieron con suavidad su espalda desnuda, dibujando patrones invisibles sobre su piel c