La mañana siguiente trajo consigo un aire distinto, casi festivo. Everly se despertó con el sonido de movimientos en la cocina, algo raro viniendo de ese lugar. Al bajar, encontró a Deneb con los cachetes inflados de emoción.
—¡Mami, mami! ¡Pancakes! —gritó con los ojos encendidos.
La mesa estaba servida. Había frutas picadas, jugo fresco, mantequilla derretida y una pila de pancakes esponjosos en el centro. Eiríkr estaba allí, con el mandil mal colocado, sosteniendo una espátula como si fuer