Las luces de la mansión iluminaban tenuemente la sala cuando Eiríkr, de pie junto a los ventanales, encendió un habano que apenas alcanzó a probar. La verdad es que no necesita la nicotina, lo que realmente le quemaba era la ansiedad que lo estaba devorando por dentro. La invitación de papel oscuro reposaba sobre la mesa de madera de cedro, con el sello dorado del gobernador y las letras mayúsculas que no dejaban espacio a la duda “Eirikr Jackson”, invitado especial.
Everly apareció descalza,